Alemania, de cuyo compromiso y cumplimiento con la democracia nadie duda después de su penoso pasado hitleriano, ha puesto sobre el tapete un tema peliagudo: la expulsión de emigrantes de su territorio.
Matizando, lo que pretende es expulsar a los ciudadanos comunitarios que no logren empleo en seis meses y que se conviertan en una carga para el Estado. Se une así a otros países, democráticos desde hace muchos años, que han propuesto o realizado acciones similares: Francia deportó, entre 2010 y 2012 a gitanos de procedencia rumana, aunque la Comisión le abrió un expediente de cuya resolución no tengo noticia; Bélgica invitó, en 2013, a salir de su territorio a 5.000 ciudadanos de la UE, casi 300 de ellos españoles; Suiza ha aprobado recientemente establecer cupos a la llegada de extranjeros, incluidos los europeos; Reino Unido decidió el año pasado desterrar a los mendigos no británicos, además de poner grandes trabas a la entrada de rumanos y búlgaros y amagar con severas restricciones en las ayudas y subsidios a los no nacionales.
Los ejemplos hablan por sí solos y la gente se echa las manos a la cabeza, en España varias veces, dándose, además, golpes de pecho y diciendo que eso no se puede permitir porque va contra los derechos humanos y las leyes europeas.
Pero yo creo que no va contra unos ni contra otras. Veamos si no lo que propone Alemania.
Esta nación, primera potencia de la UE, tiene un desempleo que apenas llega al 6% (si bien es verdad que muchos de los trabajos son los conocidos como "minijobs" que apenas dan para subsistir) y tradicionalmente ha sido un país de acogida (que se lo pregunten a los turcos) donde no existen problemas de saturación o excesiva presión en su sistema asistencial. Pero la llegada masiva de rumanos y búlgaros tras pasar a ser formalmente ciudadanos europeos de pleno derecho (hasta 2012 no lo consiguieron aunque se adhirieron a la UE en 2007) ha llenado las ciudades alemanas de gente sin oficio ni beneficio, sin conocimientos, sin preparación y subsistiendo del poderoso y generoso sistema asistencial germano. Y esto empieza a preocupar, porque cada vez son más y el sistema puede empezar a resentirse. Por ello, lógicamente, los alemanes, cabezas cuadradas pero mayoritariamente cumplidores con sus deberes laborales y fiscales (hay excepciones como el presidente del Bayern, pero afortunadamente Alemania no es España y ya está condenado a prisión), están preocupados porque ven que unas grandes sumas de dinero se van por ese sumidero asistencial a personas que no han trabajado, no han cotizado, ni lo harán en su puñetera vida. Con todos sus derechos reclaman a sus políticos que hagan algo porque esto no puede seguir así y los políticos, escuchando sus demandas, proponen una serie de medidas que se ajustan perfectamente a la legalidad europea pero que desde fuera son criticadas por demagógicas.
Los ciudadanos de la UE tienen libertad de circulación por cualquier país de este territorio durante tres meses, a partir de los cuales deben demostrar que no son una carga para los servicios asistenciales. La UE recordó hace dos días que la libertad de circulación y residencia dentro de su territorio para sus ciudadanos no es absoluta, reconociendo la legalidad de las pretensiones alemanas al respetar ese tiempo mínimo de tres meses de permanencia libre antes de plantearse la expulsión de un ciudadano que represente una carga para el estado. En la UE "no hay derechos absolutos", ha dicho un portavoz de la Comisión europea.
Como vemos todo es muy lógico, razonable y legal, además de no atentar, en absoluto, contra los derechos humanos. Todos los turcos, polacos, checos, eslovacos, incluso rumanos y búlgaros que han ido a Alemania a trabajar y lo han conseguido no tendrán ningún problema, pero todos los que han ido huyendo de la miseria en sus países para seguir viviendo en la miseria (en una miseria mucho mejor, no obstante) en Alemania y que por tanto no contribuyen al desarrollo del país y sólo suponen una carga para sus presupuestos pueden ser expulsados. Sencillo, rápido y eficaz.
El otro día murieron en El Vendrell (Tarragona) cuatro niños marroquíes (o quizá ya españoles, no lo sé muy bien). Sus padres, sin oficio ni beneficio vivían en un piso del que fueron desahuciados por no pagar y se fueron a otro de donde también les echaron. Regresaron al primero de sus domicilios donde no había luz, agua ni gas, y un incendio hace unos días provocó que cuatro de los niños murieran. El incendio se desconoce cómo se produjo pero las condiciones de vida de los moradores eran infrahumanas. De los siete miembros de la familia sobrevivieron los padre y un niño (a) pequeño.
Esto podría haber pasado a cualquier familia indigente española. pero si esta gente, que vive de la caridad ajena, hubieran sido retornados a su país en cuanto pasaron a convertirse en una carga para los servicios asistenciales españoles igual otro gallo hubiera cantado.
Xenófobo, racista, nazi, degenerado, facha de mierda.. Estos y muchos otros epítetos me podréis dedicar y seguramente en alguno tendréis razón. Pero si os paráis a pensarlo fríamente, sin intervención cardiológica, utilizando solamente el cerebro, creo que acabaréis dándome un poquito (o un mucho) de razón. Y si no, es igual, seguiremos siendo amigos ¿o no?.
SALUDOS Y DEVOLVAMOS CEUTA Y MELILLA.
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